“Hay un espíritu que es puro y que está mas allá de la vejez…Es Atman, el espíritu que hay en el hombre”
Chandogya Upanishad
Voy a empezar a considerar el tema que nos ocupa a partir de la siguiente frase: “ No hay propiamente edad de la vejez; se es viejo cuando se comienza a actuar como viejo.” Georges Clemenceau (1841-1929), político francés. Yo agregaría que más que actuar como viejo, se empieza a pensar y sentirse como tal. La época en la que vivimos se caracteriza entre otras cosas por hacer que las personas se sientan viejas y actúen como tal a partir de múltiples actitudes, de entre las cuales está el retiro forzoso en lo laboral, la búsqueda de la imagen del ideal de belleza y juventud, el olvido de las personas mayores, etc. Estas personas se sienten descartadas por una sociedad que no los considera como seres singulares y valiosos por sí mismos.
El Yoga considera que todas las personas expresan una energía vital que va mas allá de su edad, y que se expresa y manifiesta hasta el último aliento durante toda la vida de un ser. La paz mental que se obtiene por la práctica del Yoga, el incremento de esta energía vital y la flexibilidad física que genera son fundamentales tanto para los jóvenes como para los viejos. Hay jóvenes viejos, y viejos jóvenes. En los jóvenes viejos esta energía vital se expresa de manera tenue, está bloqueada en su expresión, en el cuerpo esto se refleja como falta de flexibilidad y desarmonía, en la mente se refleja por una inquietud constante, ansiedad, y una necesidad permanente de encontrar nuevas objetos y placeres que taponen el vacío. En los viejos jóvenes hay expresión plena de esta vitalidad, la juventud de esta energía se refleja en su actitud corporal, emanan vitalidad aún teniendo avanzada edad, su mente es serena, estable y vital, y gozan transmitiendo esta serenidad con su presencia.
No hay edad para comenzar con la práctica de Yoga. El Yoga es una disciplina muy versátil de la cual todas las personas pueden beneficiarse. Aquellas personas que se identifican con el modelo que les ofrece la sociedad en tanto “viejos”, se van anclando y estableciendo poco a poco en este traje hasta creer que ellos son el traje, y sentirse y expresarse como viejos. De esto surgen todo tipo de miedos, tensiones y sobre todo depresión.
El Yoga nos enseña por medio de sus prácticas a identificarnos con el “Sí Mismo” libre de todas las identificaciones y modificaciones de la mente y del cuerpo, trayendo serenidad y ecuanimidad a la vida. Ese “Sí Mismo” es inmutable a lo largo de toda la existencia.
La movilidad corporal, el estiramiento, la respiración adecuada, la actitud positiva y la meditación son los principios básicos de la práctica yóguica a lo largo de todas las edades.
Otro punto importante en la práctica del Yoga es aprender a reconocer y aceptar el propio cuerpo a lo largo de toda su existencia, respetando sus límites y trabajar desde allí con las posibilidades que nos ofrece, pues siempre ofrece algunas. No se esperan resultados, no se niegan los límites, el foco no está en la meta sino en el camino y el proceso mismo de la práctica. Es en el devenir del proceso de movilizar la energía vital, como el cuerpo y la mente se regeneran, desarrollando el propio potencial curativo. El Yoga no ofrece resultados mágicos, sino un camino de disciplina y trabajo interior, desarrollando paso a paso las posibilidades del cuerpo y de la mente.
La tercera edad puede ser un momento muy rico de la vida, disponiendo del tiempo para la práctica tanto física como espiritual, y es el tiempo ideal para conectarse con el momento presente, con alegría y serenidad. El Yoga nos muestra el camino.
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