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"El
Yoga (unión) consiste en suprimir las modificaciones de la
mente."
Yoga Sutras de Patanjali. Siglo II d.C.
La
meditación no es un asunto del pensamiento, pues está
mas allá de él. La meditación está en
los intersticios de la palabra, en los silencios dónde sólo
queda la presencia. Uno no va al encuentro de la meditación,
sino la meditación viene al encuentro de uno. La meditación
se mueve cuando uno intenta estar quieto, y se queda quieta cuando
uno se mueve. Y sin embargo está. Es la presencia vivificante
de la vida, es la energía en su estado de quietud, es la
paz en esencia y en presencia.
Pero percibir esa presencia, requiere escuchar el silencio, y comenzar
a tolerarlo para luego disfrutarlo. La mente no quiere saber nada
del silencio, necesita ser estimulada constantemente. Los sentidos,
los pensamientos y las palabras, son como el alimento de la máquina
mental, que funciona por sí misma, rolando y rolando. La
ausencia de ellos, generalmente es percibida como un peligro mortal,
que debe se evitado a toda costa. Es la disolución del ego,
lo que está en juego. Y el ego en tanto que hecho de las
modificaciones mentales se resiste a ello. Desde la visión
yóguica, el ego es el causante del mayor sufrimiento, pues
sus castillos de arena se disuelven a la menor ventisca. Sin embargo
en los silencios de la mente se encuentra lo más auténtico
y perdurable de sí mismo. Una melodía no es tal sin
sus silencios.
El Yoga nos enseña a permanecer en una postura, quietos,
en silencio, sin hacer nada. No hay ningún esfuerzo en ello,
no hay hacia dónde ir, ni adónde llegar. Liberamos
a la mente de sus recuerdos y de sus proyectos, y disfrutamos del
silencio, de la energía vital, de la paz profunda. La meditación
conoce solo un tiempo: el presente. Es conciencia del presente.
De esta forma, como una vasija que es vaciada, y cuyo vacío
no pertenece a ninguna vasija, y es a su vez común a todas
las vasijas, adviene la paz y la relajación profundas. Cuando
vaciamos la vasija dejando espacio, puede el nuevo contenido advenir,
fresco como el agua pura y cristalina.
Cuando las olas del lago se aquietan, el fondo se manifiesta. Cuando
las olas de la mente se aquietan, el perceptor percibe su naturaleza.
Artículo
Publicado en Revista "El Umbral" Nº 5, Buenos Aires,
2005
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