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“Pero nada nos conmueve de los
desgraciados animales, ni su bello colorido, ni la dulzura de su voz
melodiosa, ni la sutileza de su inteligencia, ni la limpieza de su
vida, ni la vivacidad de los sentidos y el entendimiento; y así, por un
poco de carne, les privamos de la existencia, les arrebatamos el sol,
la luz, y el curso de la vida a la que la naturaleza les había
destinado...” Plutarco.
El
vegetarianismo ético es una práctica que excede los límites del Yoga, y
que atañe a la condición misma del “ser humano” y como este ser se
piensa a sí mismo y vive en relación con otros seres vivos.
En cuanto a la práctica del Yoga, ésta promueve una alimentación
vegetariana, completa y equilibrada, fundándose en diversas y variadas
razones, de las cuales queremos examinar hoy, quizá la más relevante de
ellas: “Ahimsa” o “No Violencia”.
Ahimsa está en la base de los 8 pasos en los que el sabio Patanjali
Maharishi declara en sus Yoga Sutras como siendo necesario para la
práctica del Yoga. Se encuentra en el primero de los pasos, que el
aspirante debe cumplir si quiere consolidar una práctica firme.
El vegetarianismo ético implica por un lado alimentarse en base a
productos vegetales y por el otro seguir una conducta ética hacia los
demás seres vivos y al entorno.
Si la ética es una reflexión sobre la conducta en una búsqueda de
razones que la justifiquen, debemos poner en cuestionamiento si es
necesario matar e infringir dolor y sufrimiento a los animales para
utilizarlos como alimento u otros productos fruto de un mercado y
sociedad de consumo.
Disponer del valor para realizar esta reflexión implica desnaturalizar
la idea que el hombre debe comer de tal o cual forma, y pensar en los
alcances e implicancias que su conducta tiene. Fundándose luego en esta
reflexión la acción se desprenderá fácilmente de ella.
Los animales, es necesario decirlo, experimentan dolor. Sufren cuando
se los separa de sus crías, padecen enfermedades debido a la forma a la
que se los obliga a vivir, perciben la desesperación que se respira en
los mataderos antes de darle muerte, e instintivamente se apegan
desesperadamente a la vida como cualquier otro ser.
Es necesario para esta reflexión restablecer el vínculo que existe
entre el sufrimiento, la explotación y la privación de la vida del
animal y el producto que aparece en las góndolas de los supermercados,
dispuestos en bandejas de plástico despojadas de todo resto de
crueldad, con fecha de vencimiento y precio que se consume en el hogar.
El producto que aparece en estas bandejas es realmente un pedazo
procesado del animal que le dio origen y por lo tanto hay una estrecha
relación entre la compra y consumo del producto y la matanza y
padecimiento de ese animal.
Muchas personas tienen la “gracia” de poder comer, y muchas otras, de
poder elegir qué comer. Sin embargo el hambre en el mundo hace estragos
en gran parte de la población. Los países llamados “desarrollados” se
ven flagelados por la obesidad asociada a la abundancia, mientras que
los “subdesarrollados” padecen el hambre. Este hecho está íntimamente
vinculado con el manejo de los recursos agrícolas y ganaderos. Gran
parte de la producción agrícola se destina a engordar animales que
luego irán al matadero. Si se destinara dicha producción para alimentos
de cultivo, se podría alimentar a muchas más personas que lo que puede
alimentar la carne del animal que consume la misma. La tierra reboza de
riquezas, sin embargo 1000 millones de personas en el mundo padecen de
desnutrición.
Sin embargo sería erróneo pensar que si la humanidad se volviera
vegetariana se acabaría el hambre en el mundo, ya que esta acción
debería ir acompañada de una mejor distribución de los recursos
alimenticios (tierras para cultivos, etc.).
La tecnología se aplica a la crianza de animales siguiendo la teoría de
mercado, y aplicando los mismos principios: mayor producción a menor
costo. Aparecen aberraciones como los feed lots donde se encierra a los
animales en corrales, engordándolos artificialmente, evitando que
realicen movimientos, para que su carne sea más tierna.
Las consecuencias ecológicas de este tipo de tecnología son nefastas
tanto para los propios animales, como para el medio ambiente, ya que
contaminan el entorno (napas subterráneas, suelos, etc.) de forma
irreversible.
Si le quitamos consistencia a la idea “mercado” como un todo difuso que
actúa de forma automática, y nos hacemos conscientes que
“mercado” es el conjunto de las conductas de consumo de cada uno, nos
percataremos que la responsabilidad recae sobre cada uno de nosotros.
En cada uno se encuentra la responsabilidad de hacer de este, nuestro
mundo, un lugar mejor habitable para todos los seres que en él se
desarrollan.
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