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“El (purusha) del ser humano tiene la
naturaleza de la fe, existe como su fe."
Bhagavad Guita
¿Es
posible que una tradición originada hace cinco mil años tenga
relevancia en la actualidad? Esta pregunta tiene plena
justificación.(...)
En la actualidad vivimos en un mundo fragmentado que ha originado una
general inseguridad, confusión y desesperanza.(...)
El Yoga promete paz interior, fortaleza, claridad, certeza, sabiduría,
plenitud, amor, compasión y, por último, el logro del Yo.
Un amplio sector de personas de diferentes temperamentos y aptitudes se
sienten atraídas por el yoga, ya que se trata de una tradición de gran
riqueza y variedad. En esta ramificada tradición cada persona puede
encontrar el enfoque que le convenga, ya que ofrece una gran variedad
de niveles interesantes. Sin embargo, esta intrínseca versatilidad ha
dado también pie a concepciones erróneas y falsas interpretaciones. De
ahí que, en Occidente, el yoga se haya visto frecuentemente reducido a
un entrenamiento físico y privado de cualquier alusión a su original
propósito espiritual. Aunque esta práctica simplificada del yoga pueda
resultar de ayuda para mantener o restablecer la salud física de
algunas personas, no se debe confundir con el yoga auténtico. Sería
mejor darle otro nombre para no confundir a la gente, pero no creo que
esto llegue a suceder. (…)
Desgraciadamente, también es cierto que muchos occidentales entusiastas
del yoga mantienen una relación incorrecta y narcisista con la
tradición yóguica. Pero estos errores no tienen nada que ver con el
valor del yoga o su aplicabilidad en un contexto moderno.
Como disciplina espiritual, el yoga tiene una validez universal. Es un
enfoque práctico para el autoconocimiento, la autotrascendencia, la
autotransformación y la autorrealización. Si bien surgió de la
experiencia cultural de la India y se desarrolló en íntima asociación
tanto con la vida religiosa védica como con la no védica, en su meta
más elevada y en su más refinada vertebración es igualmente
significativo y eficiente tanto en la India como fuera de ella.
La cuestión es si, cegados por el aparente éxito tecnológico de nuestra
civilización materialista y preocupados por su fracaso moral, podremos
ver con claridad suficiente la genuina contribución que el yoga puede
ofrecernos para comprender nuestra condición humana. Cuanto más podamos
abarcar y apreciar el prístino mensaje espiritual de los grandes
maestros de yoga, más probable será que encontremos de utilidad su
psicotecnología y su asombrosa inventiva.
El método yóguico es intachable. Surge de la experimentación práctica,
invita a ella e incluso la exige, y se demuestra por medio de la
experimentación personal. La falta de éxito en el camino yóguico no
está causado por un defecto del yoga, sino siempre por el fracaso de la
persona que carece del criterio necesario o no sigue correctamente sus
procedimientos. Los aspectos integrales del método yóguico son la
iniciación de un maestro cualificado, la transmisión del conocimiento
esotérico (la mayor parte del cual no puede hallarse en los libros) y
el sabio consejo de un practicante avanzado durante los inevitables
momentos de crisis.
Pero lo cierto es que no todo el mundo reúne las condiciones necesarias
para hacer le tradicional aprendizaje yóguico bajo la guía de un
experto maestro. Incluso en la India, su país de origen, muchos fueron
los llamados, pero pocos los elegidos, como las escrituras sánscritas
no tienen reparos en admitir. El Señor Krishna, encarnación de la
Divinidad, lo expresa en el Bhagavad Guita:
“Entre miles de hombres, apenas uno se esfuerza en conseguir la
perfección.
Y entre los adeptos que se esfuerzan por conseguirla, sólo uno Me
conoce de Verdad (VII.3).”
Afortunadamente, la tradición del yoga es muy amplia. Está concebida no
sólo para el individuo excepcional capaz de practicar con absoluta
intensidad, sino también para el neófito todavía lleno de dudas,
inconstancias, falta de determinaciones e ideas erróneas. (…)
Sin embargo, es absolutamente necesario proteger el yoga para que no
sea usurpado por la mentalidad consumista, que es como la sociedad
moderna tiende a relacionarse con todo. El yoga nunca ha estado
dirigido al consumo fácil, y las promesas de alcanzar soluciones
rápidas, o incluso la iluminación en un fin de semana, son
ostensiblemente ridículas. En realidad, obtenemos del yoga ( o de
cualquier otra tradición espiritual) lo que aportamos a ella. Si
nuestra motivación es equivocada o débil, no debemos esperar demasiado.
(…)
Antes de desear triunfar en el yoga, debemos comprender con claridad
qué es. Por lo tanto, el estudio es esencial. Siempre ha sido una parte
integral del camino yóguico. Pero ya que en realidad no hay nada en
nuestra cultura que nos prepare para un encuentro con el yoga genuino,
debemos estar todavía más atentos y aprovechar cada oportunidad de
profundizar en las escrituras originales del yoga o de aprender
directamente de maestros expertos. (…)
De lo que no cabe duda es de la necesidad imperiosa que el mundo en que
vivimos tiene del néctar de sabiduría que fluye de aquellos que han
trascendido el yo individual para alcanzar el Yo, y cuyo único afán es
que los demás alcancen la iluminación. El ruido de nuestra civilización
tecnológica nos ha ensordecido impidiéndonos casi oír sus voces. Pero
siguen obsequiándonos con su sabiduría y su espiritual presencia. Todo
cuanto necesitamos para beneficiarnos de su incesante transmisión de
luz es permanecer silenciosos y escuchar nuestros propios corazones.
Aquí es donde el yoga empieza, se revela y se colma a sí mismo.
Extracto del libro "Yoga"
Georg Feuerstein
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