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La
naturaleza de la mente
Los Maestros
del Yoga desde la antigüedad gustan comparar a la mente con
un mono inquieto que se la pasa saltando de rama en rama todo el
tiempo en movimiento incesante.
También comparan a la mente con la superficie de un lago
agitado por las olas que produce el viento. Las olas son los pensamientos
que van y vienen sin cesar, que se encadenan unos a otros infinitamente.
Las ondas del pensamiento son como olas en la mente que agitan su
superficie de manera incansable.
Es imposible ver el fondo del lago cuando las olas agitan su superficie
por acción del viento. Desde la filosofía yóguica
en el fondo del lago, o sea por debajo de la mente, se encuentra
la esencia del ser humano. Pero es imposible percibirla mientras
su superficie está agitada por el ir y venir de los pensamientos,
así como es imposible percibir el fondo del lago cuando sus
olas se agitan.
De la misma forma que cuando el viento cesa de soplar, las olas
de la superficie del lago se calman y se puede ver el fondo, cuando
los pensamientos se callan se percibe la esencia del Ser. Cuando
el lago se aquieta su superficie se vuelve prístina y cristalina
y devela su secreto, su fondo. Así también cuando
la mente se aquieta devela la paz más profunda posible de
experimentar.
Desde el Hatha Yoga podemos decir que el viento que agita la superficie
del lago es el prana que se mueve incesante el que agita la superficie
de la mente, produciendo los incesantes pensamientos. Es por ello
que cuando practicamos asanas o posturas y pranayama o respiración,
lo que hacemos es indirectamente controlar el prana o las energías
sutiles del cuerpo para que deje de agitar la mente y el pensamiento
llegue a su fin, por medios absolutamente inocuos y sin ningún
esfuerzo.
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