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"Dharana
es fijar la mente en un objeto"
Yoga Sutras de Patanjali
Si
concentras los rayos del sol por medio de una lente, pueden quemar
un trozo de algodón o un pedazo de papel. Pero los mismos
rayos dispersos no pueden hacerlo. Si deseas hablar a una persona
que se encuentra a una cierta distancia de ti, te sirves de tus
manos como altavoz para hablarle. Las ondas sonoras se concentran
así en un punto, desde el que se dirigen a otra persona,
que puede entonces oírte con claridad. El agua se convierte
en vapor, y éste se concentra en un punto, poniendo en movimiento
el motor del tren. Todos estos son ejemplos de ondas concentradas.
De igual modo, si reúnes los rayos dispersos de tu mente
y los enfocas hacia un punto, tendrás una maravillosa concentración.
La mente concentrada te servirá como un potente faro para
descubrir los tesoros del alma y para alcanzar la suprema riqueza
del Ser, o Atman, dicha eterna, inmortalidad y alegría imperecedera.
El verdadero Raja Yoga empieza en la concentración, y ésta
se funde en la meditación. La concentración es una
fase de la meditación.
La meditación sigue a la concentración.
La concentración es, pues, lo primero y principal que el
Sádhaka, o aspirante, debe adquirir en el sendero espiritual.
La
concentración, o Dharana, consiste en centrar la mente en
un único pensamiento.
Durante
la concentración, los diversos rayos de la mente son reunidos
y enfocados hacia el objeto de la concentración. Se desvanece
así la agitación de la mente. Una sola idea ocupa
toda la mente. Todas las energías mentales se unifican en
esa idea única. Los sentidos se apaciguan y dejan de funcionar.
Donde hay una concentración profundo no existe consciencia
del cuerpo ni de cuanto le rodea a uno.
Todo el mundo posee una cierta habilidad para concentrarse. Pero
para la evolución personal debe desarrollarse la concentración
hasta un grado muy elevado.
Objetos
para concentrarse
Siéntate
en una postura confortable. Coloca una imagen frente a ti. Observa
la imagen con una mirada firme. Cierra luego los ojos y visualiza
la imagen en el centro de tu corazón o en el entrecejo.
Cuando la imagen se desfigure en tu visión mental, abre los
ojos y mírala de nuevo. Ciérralos unos minutos después
y repite el proceso.
Es fácil concentrar la mente en objetos externos, pues tiene
una tendencia natural hacia el exterior. En las etapas iniciales
de la práctica puedes concentrarte en un punto en la pared,
en la llama de una vela, en una estrella brillante o en cualquier
otro objeto que agrade a tu mente.
Al principio se debe entrenar a la mente a concentrarse en objetos
ordinarios. Más tarde podrás concentrarla con éxito
en objetos sutiles y en ideas abstractas.
Una
ardua tarea para el principiante
Para
el neófito, la práctica de la concentración
resulta, al principio, cansada y desalentadora. Tiene que ir abriendo
nuevas capas de la mente y del cerebro. Pero tras unos meses de
práctica, desarrollará un gran interés en la
concentración y disfrutará de un nuevo tipo de felicidad:
la dicha de la concentración, o Ananda. Más tarde,
llegará incluso a inquietarse si deja de sentir ese nuevo
tipo de felicidad incluso por un solo día.
El punto vital de la concentración es atraer la mente hacia
el mismo objeto una y otra vez, limitando al principio sus movimientos
a un pequeño círculo. Ese es el objetivo principal.
Así llegará el momento en que la mente s mantenga
en un solo punto. Ese será el fruto de tu Sádhana,
o práctica constante y firme. La felicidad que se siente
entonces es indescriptible.
Extracto
del libro "Senda Divina" de Sri Swami Sivananda.
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