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Introducción:
Dentro
del equilibrio psicobiológico encontramos siempre un ritmo
fundamental. Una fase activa y una fase pasiva. A grandes rasgos podríamos
decir que la fase activa está caracterizada por el movimiento
y la fase pasiva por el reposo. Ambas fases son indisociables una
de otra y vitalmente necesarias.
La forma actual de vida occidental prioriza la fase activa, el movimiento,
la maximización de la actividad y producción en todas
sus formas. |
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Los
motivos de esta desviación hacia la sobreestimación
de la acción desbordan los alcances de esta exposición,
solo bástenos citar que esto es posible debido a la capacidad
del hombre de alterar sus ritmos de funcionamiento.
El equilibrio de estas dos fases (actividad, reposo) es esencial para
mantener una salud física y psicológica, y fundamentalmente
para la actividad de autoconocimiento.
Es bien sabido las implicancias psicobiológicas del estrés
en el organismo, provocando un deterioro de los tejidos por hallarse
los mismos sometidos a una actividad constante. Lo mismo puede aplicarse
a la actividad psíquica del individuo.
La relajación conciente permite equilibrar física y
psíquicamente a la persona, llevando el ritmo psicobiológico
a una armonía natural, permitiendo el descanso y regeneración
de los músculos y tejidos, y la renovación del psiquismo.
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